Tour de Francia 2017. Introducción

Llega Julio. Llega el calor. Llegan las sofocantes tardes del verano. Llegan los arcenes atestados de gentes mientras que los ciclistas ascienden, al límite de sus fuerzas, los puertos con más mística de la historia del ciclismo. Ya está aquí el Tour de Francia.

Un Tour de Francia que necesita reactivarse, renacer. Un Tour que necesita grandes hazañas, pequeñas locuras, algo…A nadie se le escapa que, año tras año, el miedo agarrota, día tras día, las piernas de los aspirantes. A nadie se le escapa que parece que hay poco que hacer frente al engranaje casi perfecto que es el Team Sky, un equipo sobresaliente que cuenta con el hombre que ha ganado más Tours en el último lustro, una máquina precisa de medir esfuerzos, Chris Froome.

En las esperanzas de todos los aficionados, no obstante,  hay espacio para la épica. Queremos que este año sea así, edición tras edición. Y aunque, jornada tras jornada, decepción tras decepción, acabamos tan desesperados como el propio Chris Froome corriendo tras su bicicleta en el colosal Mont Ventoux, llega Julio y volvemos a soñar. Volvemos a pensar que un guiño a la historia es posible…volvemos a pensar que lo que vimos este año en Dauphiné camino de Plateau de Solaison no fue un mero entremés, que fue real, que también puede pasar en el mes de Julio.

Ingredientes no le faltan a esta 104 edición del Tour de Francia. Aun cuando el recorrido haya sido objeto de ciertas críticas estamos, quizá, ante la edición más reñida de los últimos años. Froome ya no parece imbatible. De Australia han surgido los descomunales watios de un tasmano, Richie Porte, decidido poner fin a la tiranía del que fue y sigue siendo un gran amigo. Movistar, a pesar de su recalcitrante conservadurismo, cuenta con un Alejandro Valverde en estado de gracia y la incógnita de saber si Nairo Quintana llegará a la última semana con las fuerzas suficientes para discutirle a Froome su trono. Y, por último, Alberto Contador hará su enésimo intento de volver a ser el que fue, aunque ya no lo sea…

Un año más la televisión se volcará con la carrera. Aqui sí, tendremos retransmisiones interminables de etapas con poca historia y demasiadas cosas por contar. Tendremos esa «imposible» escapada que consume kilómetros a la espera de su más que certera neutralización cuando los equipos de los grandes velocistas deciden que hay que buscar la etapa. Tendremos a Peter Sagan peleando el maillot verde en los sprints intermedios y jugándose la vida en la bajada de un puerto alpino como si la General le fuera en ello. Tendremos algún improvisado protagonista que alcanzará la gloria cuando nadie contaba con ello…

El Tour de Francia es el acontecimiento ciclista más importante del año. A nadie se le escapa, haya Olimpiadas o no. Esperemos con ganas la Milan-San Remo o no. Hablemos de Lombardía o no…el Tour siempre es el Tour, y así sera siempre. És el momento en que los que ven el ciclismo todo el año y los que apenas lo consumen, convergen en un sofá sintiéndose autorizados para opinar y discriminar, para pretender que todos sabemos algo de esto.

En fin, sin más preámbulos. Que el Tour empieza el 1 de julio. Eso es lo importante…

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