París-Niza. El día que Induráin sucedió a Kelly

Al mismo tiempo que el irlandés Sean Kelly, ganador de la «Carrera del Sol» en siete ediciones consecutivas (desde el año 1981 hasta el año 1988, ambas ediciones incluidas) era batido al sprint por un semi-desconocido Jerry Cooman en la Vuelta a Limburgo de 1989 un ciclista español, navarro para más señas,  copaba, en París-Niza,  sus primeros titulares en los rotativos internacionales.

Miguel Induráin, ganador del Tour del Porvenir (o Tour de las Comunidades Europeas, como queráis llamarlo) en el año 1986 y de la prestigiosa Volta a Catalunya en 1988 empezaba a hacer gala de sus magníficos dotes contra el reloj en un prólogo de 5,3 kilómetros en el que (a nadie sorprendió) se impuso el estupendo prologuista francés Thierry Marie. Laurent Fignon, quizá el gran favorito para ganar aquella edición de la carrera francesa, se quedó a apenas dos segundos de su compañero de equipo en Systeme U (se vio perjudicado por una salida de cadena a mitad de recorrido sin la que se hubiera impuesto en la etapa) y el irlandés Stephen Roche (que volvía de un 1988 prácticamente en blanco por problemas de rodilla) hizo cuarto. Muy pocos daban un duro por Miguel Induráin. Los nombres de Pedro Delgado (lejísimos de los primeros aquel día) o Julián Gorospe, ambos compañeros de Indu en Reynolds sonaban, sin duda más fuerte.

Pronto pasaron cosas en aquella edición de la París – Niza. Camino de Saint Ettiene, en la segunda etapa, el viento de costado azotó a los ciclistas, Julián Gorospe se coló en una peligrosa escapada de la que formaban parte Thierry Marie, Stephen Roche o Eric Boyer y el llamado a vestir de amarillo en Niza, Laurent Fignon, el parisino, se bajaba de la bicicleta, aquejado de una enfermedad, en el kilómetro 150 de carrera, tras quedar descolgado en la subida a San Tomas y llevar perdidos más de tres minutos de ventaja con el pelotón principal. Erik Breukink, segundo en el Giro de Italia de 1988, había perdido, también, todas sus opciones en esas dos primeras etapas y se encontraba, hundido en la General, a más de 11 minutos del líder.

Era Ettiene de Wilde, del equipo Histor, quien se había impuesto en la primera y segunda etapa de la ruta, ambas con desenlace al sprint, el que ocupaba esa privilegiada posición de cara a la vital contra-reloj por equipos  de Vergeze, de 58 kilómetros, que a buen seguro decidiría muchas cosas cara a la General final.

Y no fue bueno el día para las escuadras españoles. De hecho Reynolds, el equipo de Julián Gorospe, Miguel Induráin y Pedro Delgado, fue el mejor de los nacionales, en una discreta octava posición y perdiendo casi dos minutos con el ganador de la etapa, el Toshiba, y poco más de uno con un Fagor (el equipo de Roche) que, no obstante su gran contra-reloj, sufrió varios contratiempos en forma de pinchazos y caídas de algunos de sus ciclistas. Las bonificaciones que, aquel día, se repartieron entre los nueve primeros equipos clasificados determinaron un increíble vuelco en la Clasificación General que pasó a estar encabezada por el francés Laurent Bezault.

Para muchos el heredero de Jean Francois Bernard, el neo-profesional Laurent Bezault, excelente rodador (y «casi» medallista olímpico de contra-reloj),  se mostraba optimista cara a la victoria pues llevaba demostrando durante los meses anteriores a su debut en París – Niza que superaba con solvencia la montaña (había sido 6º en el Mont Faron en la llegada del Tour del Mediterraneo)  y las diferencias generadas por la crono lo situaban en una posición privilegiada para manejar, con solvencia, la carrera.

No contaba, el francés, con dos factores: por un lado, la enfermedad, pues tuvo que abandonar aquejado de problemas intestinales a poco más de 60 kilómetros de la meta de Toulon y, por otro lado, un espectacular Induráin, quien puso patas arriba la carrera en el Mont Faron.

El navarro atacó a pie de la última subida y fue superando, uno a uno, a los miembros de una escapada de 7 corredores que llegó con exigua ventaja a los últimos kilómetros y le faltó poco más de media bicicleta para superar al ganador de la etapa, Bruno Cornillet, del Z-Peugeot. Marc Madiot, ex-campeón de Francia, se convertía en nuevo líder y Stephen Roche, cuarto en Mont Faron, en gran favorito pues sólo Peter Winnen (cuarto en la General, a poco más de 20 segundos del irlandés), Julián Gorospe y el propio Induráin parecían lo suficientemente fuertes como para disputarle el trono al irlandés.

Nadie esperaba, no obstante, la ofensiva de Reynolds camino de Saint-Tropez, en la quinta etapa de aquella París-Niza. En la subida a Vignon, a 25 kilómetros de la meta, Pedro Delgado tensó la carrera, hizo sufrir a Stephen Roche, con dificultades durante todo el día, y facilitó la tarea para que su compañero Miguel Induráin, una vez coronado el puerto, se lanzara en el descenso en busca de la etapa y el liderato de la Clasificación General. Gerard Rue, posteriormente compañero del navarro, se hizo con la etapa pero el «puñetazo» en la mesa del de Villava fue espectacular. Desbancó a Marc Madiot y le sacó más de un minuto a un Stephen Roche, quien reconocía la superioridad de Miguel al término de la etapa.

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Roche lo intentó al día siguiente, bajando el Col de Tanneron, dificultad montañosa ubicada a poco más de 12 kilómetros de la meta de Mandelieu. Reynolds había controlado con firmeza la carrera durante todo el día y sólo en los últimos kilómetros pudo el ex-campeón del mundo desmarcarse de la férrea disciplina del pelotón. Induráin estuvo soberbio y no le permitió alegría alguna a Roche en una etapa que se acabó llevando el holandés Adrie van der Poel.

Quedaba aún el doble sector de la última etapa de la carrera. Descartado Julián Gorospe, quien se había dejado más de tres minutos camino de Mandelieu, y con Marc Madiot y Peter Winnen a más de un minuto de Miguel Induráin tan sólo Stephen Roche podía evitar que el navarro consiguiera su primera gran victoria en Francia como profesional. De tan prestigioso empeño le separaban, tan sólo, los diez kilómetros de ascenso cronometrado al Col d´Eze.

Aunque la diferencia era escasa (45 segundos) y Stephen Roche hizo una de las mejores cronos que se le recuerdan (estuvo muy cerca de batir el récord de dicha crono-escalada que había establecido Sean Kelly en 1986) lo cierto es que Miguel supo regular muy bien el esfuerzo. A mitad de carrera Stephen Roche tenía una ventaja de 19 segundos; diferencia que se fue a los 32 en la cima del Col d´Eze, insuficientes para privar de la victoria al campeón navarro. Julián Gorospe fue tercero en la etapa, a casi un minuto.

De esa manera, con 25 años, Miguelón, quien repetiría al año siguiente en la «carrera hacia el sol» y a quien comparaban, por su físico, con el mítico Francesco Moser, se convertía en el primer ganador español de la París – Niza, sucedía al imbatible Sean Kelly en la carrera francesa y empezaba a ser señalado como una de las grandes bazas del ciclismo español para las Grandes Vueltas.

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