De Ronde y la romantica historia de «el lechero»

Cuando lees sobre personajes como Eddy Merckx, Roger De Vlaeminck o Herman Van Springel, verdaderos dioses del ciclismo en carretera, siempre sueles encontrar personajes secundarios que, antes o después, asumen su parte de protagonismo. El magnífico sprinter Patrick Sercu, el legendario Walter Godefroot, el efímero Marc DeMeyer o el rapidísimo Willy Planckaert son algunos de estos elegidos que tuvieron la suerte (o la desgracia) de competir con los monstruos mas ávidos de éxito que ha dado la historia del deporte de las dos ruedas.

Y dentro de ese grupo de héroes (o anti héroes…) siempre hay alguno que, por unas razones u otras, acaban llamando mi atención. Y eso es lo que ha sucedido con Frans Verbeeck.

Para algunos, quizá, ese nombre les suene a muy poco. Sin embargo aquel a quienes sus compañeros de la ruta llamaban «el lechero» es uno de los ciclistas belgas más legendarios de su época.

Nacido en Wilsele, pequeño barrio del municipio de Leuven, en la Brabante Flamenca, el corazón de Bélgica, y desde muy jovencito, enrolado en el mítico Marcel Kint – Reno Frans demostró ser un ciclista competente. Fue 15º en la Vuelta a España de 1965, edición en la que obtuvo varios puestos de privilegio, y en apenas tres años como profesional se hizo un nombre en Clásicas como la antigua Het Volk o la París-Bruselas.

Pero esos buenos resultados no eran suficientes para vivir en aquella época. Sorprendentemente, en el otoño de 1966, tras la disputa de la Volta a Catalunya, el ciclista belga decidía dejar de competir y se volvía a Leuven, lugar donde su familia explotaba un negocio de reparto de leche.

A finales de 1967, no obstante, era tentado por un pequeño equipo belga, el Okay Whisky – Diamant – Simons y volvía  la competición obteniendo, enseguida, resultados competentes y descubriendo, un año después, la que sería su gran obsesión: el Tour de Flandes.

Es cierto que Verbeeck había obtenido buenos resultados en una carrera que, por aquel entonces, se disputaba en tres categorías diferentes: la categoría A, para los profesionales; la B, para los neo-profesionales y la C, para los ciclistas amateurs. Incluso llegó a ganar la categoría B del gran Monumento flamenco.

Pero nada capaz de conquistarte de la forma en la que lo hizo aquella dantesca edición de De Ronde de 1969.

Eddy Merckx ganó aquella carrera. Tal como ganaba la mayor parte de las carreras en las que competía. Pero lo hizo de una forma memorable. Cogió la cabeza del pelotón cuando quedaban 160 kilómetros para la meta. Lo destrozó bajó la lluvia. Atacó en el «viejo» Kwaremont. Atacó en el Muur de Geraardsbergen. Y a falta de 70 kilómetros se fue en solitario. 33 ciclistas sobrevivieron a la masacre de «el Caníbal». Verbeeck fue uno de ellos. Llegó a meta a más de 8 minutos del ganador en un grupo donde viajaban, ateridos por el frío, Marino Basso, Franco Bitossi o Michele Dancelli y sólo por detrás del mítico Felice Gimondi. Tuvo el pódium  a tiro.

Verbeeck volvió a  Gante al año siguiente, 1970. Y se volvió a quedar a un paso del podium. Cruzó la meta a apenas 10 segundos de un terceto inolvidable que formaron Eric Leman, Walter Godefroot y Eddy Merckx. Frans Verbeeck ganó la Het Volk, en 1970. Y la Amstel Gold Race, en 1971. Pero su obsesión era De Ronde. Y su sueño batir a Eddy Merckx en la disputa de un Monumento. No lo consiguió en 1971. Lo logró batir en 1972, pero en el sprint del grupo de grandes favoritos que se presentó en Meerbeke, en aquella edición de la carrera se lo llevó, de nuevo, Eric Leman, por delante de Andre Dierickx. Frans Verbeeck fue tercero. Eddy Merckx fue 7º.

frans 1

Y «el Caníbal» le arrebató, por apenas dos centímetros, la victoria en la Lieja – Bastoña – Lieja de 1973 en un año donde se convertiría en una auténtica pesadilla para «el Lechero»: lo batió en el sprint de la Gante-Wevelgem; lo superó, con claridad, en la Amstel Gold Race; y le arrebató el segundo puesto en la Flecha Valona, que se había apuntado Andre Dierickx.

Frans no se rindió. Volvió a Flandes en 1974 y peleó, otra vez, por la victoria con Merckx. Y lo superó. Pero, esta vez, fue Cees Baal el se hizo con la victoria en una carrera que Verbeeck ansiaba y que, una y otra vez, se le resistía. Su victoria en la Flecha Valona, quizá su último gran triunfo, no era suficiente para colmar sus ansias de gloria en la gran carrera de su tierra…

En 1975 Frans Verbeeck volvía al Tour de Flandes en el mejor estado de forma de su vida. Ganador en Harelbeke y 3º en el, entonces, importantísimo (y dificilísimo) Tour de Bélgica se enfrentaba a un Eddy Merckx que, asimismo, estaba arrasando en la temporada de Clásicas con triunfos en la Milán-San Remo o en la Amstel Gold Race.

Tal como todos vaticinaban «el Caníbal» intentó romper la carrera a más de 100 kilómetros de meta cuando el pelotón transitaba el «viejo» Kwaremont. Solo Verbeeck siguió aquel día al maillot arco iris. Colaboró con «el Caníbal» y, entre ambos, abrieron una brecha con el pelotón que, a apenas 10 kilómetros para meta, era de más de 5 minutos. Pero su rival era Eddy Merckx. Cualquier otro en el mundo hubiera cedido ante el empeño del desgarbado «lechero» pero Merckx era Merckx. Y lo soltó, cruelmente, con apenas 6 kilómetros por recorrer. Verbeeck fue segundo en aquel Tour de Flandes de 1975. El tercer clasificado aquel día, Marc DeMeyer llegó a meta más de 4 minutos y medio detrás del flamenco.

Verbeeck volvió a De Ronde en 1976 y 1977, sus últimos años como profesional. Y aunque volvió a entrar entre los diez mejores de la carrera no estuvo cerca de la victoria que había perseguido toda su carrera profesional. El ciclismo es, a veces, así de injusto. Un corredor con 179 victorias (algunas tan grandes como la Het Volk, la Amstel Gold Race, la E3-Harelbeke o la Flecha Valona)  y 110 segundos puestos (uno de los ciclistas que más ocupó esta posición en toda la historia) Verbeeck será recordado como el hombre enamorado del Tour de Flandes que nunca pudo ganar «su carrera»…

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