Roger Rivière, la tragedia del Perjuret

“Estoy seguro de poder ganar el Tour” dijo Roger Rivière a la prensa en la salida de la etapa 14 del Tour de Francia de 1960 en Millau. Lo que ocurrió horas más tarde ya es parte de una de las historias trágicas que nos ha dejado el ciclismo. La historia de Roger Rivière, la historia de un héroe trágico. Ocurrió en el descenso del Col de Perjuret, en el macizo central de Francia. Rivière estaba clasificado en segunda posición a 1:38 del líder de la carrera el italiano Gastone Nencini y con entre otras etapas, una crono de 83 kilómetros que era una de las especialidades de Rivière.

En la carrera había tenido una dura lucha con otro de los favoritos para ganar la carrera y que estaba en su propia selección, el francés Henri Anglade, que había sido segundo en el Tour del año anterior. Anglade, ya descartado de la general, no se hablaba con Rivière y furioso, soltó unas desgraciadas palabras que se iban a cumplir aquel 10 de julio de 1960: “Rivière cometerá errores. Intentará seguir a Nencini que es mejor bajando y caerá”.

En aquella 14ª etapa se subía el Col de Perjuret, un puerto sin demasiada dureza y que pasaría a la historia para siempre. Rivière se pegó a la rueda del líder en el descenso y en una curva a la izquierda entró demasiado fuerte, apretó demasiado la maneta del freno trasero, chocó contra la baranda y voló por un precipicio de 20 metros. “¿Es Roger?”, preguntó Nencini. “¡Sí! ¡Ha caído allí! ¡En el hoyo!”, respondió Louis Rostollan desesperado, uno de sus gregarios. Hicieron falta nueve personas para sacarle del agujero.

La vida de Rivière se había truncado, hasta ese día había batido dos veces el récord de la hora, había sido campeón del mundo de pista, ganador de etapas en la Vuelta y en el Tour, en este último había sido 4º la edición de 1959, de donde ya venía la polémica con Anglade. Todo el equipo francés fue muy pitado en el Parque de los Príncipes por las discordias internas entre Bobet, Geminiani, Anquetil y Rivière, y por haberle hecho la contra a Anglade.

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Tras el accidente, un helicóptero le trasladó a Montpellier donde le diagnosticaron fracturas de las vértebras 9ª dorsal y 1ª lumbar, con parálisis en la vejiga y en las piernas. Cuando Rivière abrió los ojos no sentía sus piernas, 24 años de sueños y de pedales se esfumaron en un instante. Semanas más tarde consigue caminar, primero con muletas, luego sin ellas. Pedaleó en bici estática y por fin en bicicleta. Pero ni pensar en competir. Había perdido un 20% de la potencia en las piernas.

Rivière lo intentó en el deporte del motor. Participó en el Rally de Montercarlo de 1962 haciendo pareja con Geminiani, pero tras un accidente grave desistió. La vida le fue mal. Montó un restaurante que quebró. Luego, un centro de vacaciones, un concesionario de Simca, una cafetería-discoteca. Todo ruina. Se hizo adicto a la morfina, que le administraron para paliar los primeros dolores. Se divorció, se volvió a casar. Tuvo problemas con la justicia y estuvo en la cárcel. Su trágica historia acabó un 1 de abril de 1976 a los 40 años de edad, un cáncer de laringe, que se achacó a su adicción, acabó con su vida.

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